PONGAMOS FRENO A NUESTRO PILOTO AUTOMÁTICO

Para iniciar este artículo, te invito a que te detengas un momento a recordar cuándo fue la última vez que llevaste a cabo una actividad de tu vida cotidiana, como ducharte, conversar con un ser querido o tomarte el desayuno; prestando atención a la actividad en sí misma y tomando consciencia de tu experiencia interior

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Es probable, o más bien muy probable, que te cueste recordar la ocasión, a pesar de que son actividades que llevas a cabo a diario. Esto sucede porque, como todos, recurres al “piloto automático” a la hora de desempeñar ciertas actividades de tu día a día. Pero… ¿Por qué sucede esto?

Nuestras capacidades mentales no son ilimitadas y, por lo tanto, nuestro cerebro debe disponer de ciertas estrategias que le permitan hacer un uso eficaz de sus recursos para poder tratar con eficiencia la avalancha de información a la que se ve confrontado. Evaluar, razonar o tomar decisiones son, entre otros, procesos que requieren un gran esfuerzo y control cognitivo, que consumen mucha energía y que nos dejan con poca capacidad mental para hacer otras cosas en paralelo. Es por eso que nuestro cerebro, en su objetivo de ser eficaz, trata de reservar este tipo de procesos controlados para ejecutar tareas que son novedosas para nosotros o que son complejas, y automatiza aquellas con las que ya tenemos experiencia y para las cuales ya no es necesario invertir tantos recursos cognitivos.

Si echamos la vista atrás, seguro que recordaremos cómo las primeras veces que realizamos alguna actividad, como conducir un coche o montar en bicicleta, invertimos un gran esfuerzo mental para tratar de cumplir con éxito esas tareas que en su momento eran desconocidas para nosotros. Sin embargo, hoy en día, gracias a la práctica de las mismas, no solo somos capaces de ejecutarlas correctamente sin necesidad de reflexionar al respecto, sino que, además, podemos hacer otras cosas al mismo tiempo, como conversar, escuchar música o repasar mentalmente nuestra agenda del día. Las tareas que realizamos de manera automática no requieren esfuerzo ni control cognitivo consciente y nos permiten realizar otras en paralelo. Esto, como ya hemos visto, nos resulta útil, pues nos permite hacer un uso eficaz de nuestros recursos mentales. Sin embargo, si nos dejamos llevar en exceso por este modo de funcionar en automático, nuestro bienestar psicológico podría verse afectado.

Hoy en día, debido en gran parte a los avances tecnológicos, vivimos más deprisa de lo que lo hacían las generaciones anteriores: hacemos más cosas en menos tiempo, ejecutamos más tareas en simultáneo, nos comunicamos y nos desplazamos más, más lejos, y con mayor frecuencia.  Esto lleva a muchas personas a sentir que viven una cotidianeidad frenética que les requiere disponibilidad en su mente para poder tratar una gran cantidad de información diferente en poco tiempo y de forma regular, lo que las conduce a automatizar más tareas y, por lo tanto, a ser menos conscientes de esos momentos

Cuando pasamos tiempo con las personas que queremos, por poner un ejemplo, podemos hacerlo de forma más o menos consciente, pues en una misma tarea pueden intervenir tanto los procesos controlados como los automáticos. De esta manera, en el rato que compartimos con ellos, podemos conversar, esforzarnos por saber cómo les ha ido el día, cómo se sienten y reflexionar también acerca de cómo nos sentimos nosotros; o podemos estar en su compañía, haciéndoles preguntas por inercia y escuchando sus respuestas de refilón, mientras estamos pendientes del WhatsApp que no deja de sonar y pensando en el e-mail que nos quedó pendiente de enviar en el trabajo. Sin duda este último escenario implica menos esfuerzo mental, ¿pero en cuál te imaginas más feliz?

Lógicamente, no se trata de que cada encuentro con los nuestros nos suponga un desgaste mental, de lo que se trata es de lograr el equilibrio en una balanza en la que compiten nuestra necesidad de ahorrar energía para poder funcionar de manera eficiente y nuestras necesidades emocionales para poder gozar de bienestar psicológico. El riesgo de dejarnos llevar por el piloto automático de manera excesiva es que vivamos las cosas más bonitas de la vida sin ser conscientes de ellas: es no darse cuenta de los progresos de nuestros hijos, es dejar pasar lo que necesitamos para estar bien por no pararnos a pensar en ello, es no estar presentes para esa persona que tanto queremos por no ser conscientes de que nos necesita, es comer sin saborear y es consumir el viaje sin disfrutarlo. Como decía Aristóteles, la virtud está en el término medio.

Aprende a parar, a ser más consciente del presente y de lo que necesitas en cada momento. Una buena forma de hacerlo es practicando Mindfulness, pues consiste precisamente en llevar la atención de manera consciente a la experiencia del momento presente, con aceptación y sin juicios. Esta práctica es una excelente herramienta para empezar a romper la dependencia con el piloto automático y a ganar perspectiva sobre esas situaciones que nos desestabilizan emocionalmente. Nos ayuda a afrontarlas mejor y a tener un mayor control sobre nuestras emociones.

Mi próximo artículo será dedicado a esta práctica que ha demostrado tener múltiples beneficios tanto para la salud física como mental.

¡Hasta entonces te deseo una feliz semana!

NOTA: El artículo sobre Mindfulness ¡ya está disponible en el blog! : ¿QUÉ ES MINDFULNESS Y PARA QUÉ SIRVE?

 

Ana Isabel García-Izquierdo Peribáñez

Psicóloga y psicoterapeuta

Graduada en psicología, especializada en psicología clínica y psicopatología integrativa por la Universidad Paris Descartes (formación académica, profesional y de investigación), psicoterapeuta con un enfoque integrativo certificada por la ARS de Île de France y Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia.

Nicolas, S., Gyselinck, V., Vergilino-Pérez, D., Doré-Mazars, K. (2014). Introduction à la psychologie cognitive. In Press: Paris

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