CUANDO LA PREOCUPACIÓN POR LA APARIENCIA FÍSICA SE VUELVE UN PROBLEMA

Todos, en mayor o menor medida, nos preocupamos por nuestro aspecto físico y por la imagen que proyectamos a los demás, lo cual es algo positivo, pues nos invita a cuidarnos y esto nos aporta múltiples beneficios, a nivel físico y mental. El problema empieza a partir del momento en que las preocupaciones se vuelven excesivas, ocupando gran parte de nuestro tiempo y generándonos sufrimiento.

Hoy en día, debido principalmente a los mass-media, y en especial a las redes sociales, estamos expuestos de forma masiva y constante a imágenes corporales que promueven un estándar de belleza difícil de alcanzar para la mayoría de nosotros. Esto, sumado a una escasez de imágenes con formas corporales diversas con las que todos podríamos identificarnos, favorece que desarrollemos una percepción negativa del aspecto de nuestro cuerpo.

A pesar de que a simple vista las redes sociales parezcan indicar lo contrario, la insatisfacción corporal está extremadamente extendida en nuestra sociedad, suponiendo un riesgo para nuestra salud física y mental. De acuerdo con la ciencia, la mayor parte de la población está preocupada por al menos una parte de su cuerpo. En un estudio llevado a cabo recientemente en la Universidad de Córdoba con mujeres jóvenes, se observó que el 93% de las participantes deseaban cambiar al menos tres partes de su cuerpo. Esto indica que la insatisfacción corporal es la norma en nuestra sociedad, lo que resulta tan sorprendente como alarmante.

A día de hoy, la línea que separa lo normal de lo patológico es muy fina y los profesionales de la salud mental debemos proceder con habilidad y cautela a la hora de discriminar la población clínica de la población normal. De lo contrario, corremos el riesgo de patologizar comportamientos que, tomando en cuenta el contexto actual, pueden considerarse normales.

En el extremo patológico de la insatisfacción corporal, encontramos el trastorno dismórfico corporal. Las personas que presentan esta psicopatología sienten preocupación por una o varias partes de su cuerpo. Sin embargo, a los ojos de los demás estos “defectos” son imperceptibles o a penas apreciables, pues la percepción que estos individuos tienen de estas áreas de su cuerpo está distorsionada. Esta preocupación con respecto a determinados aspectos de su apariencia física lleva a estas personas a manifestar comportamientos o actos mentales excesivos y repetitivos, como por ejemplo, comparar su propia apariencia de manera constante con la de los demás, mirar de forma repetitiva esas partes de su cuerpo que le desagradan en superficies reflectantes, dedicar un tiempo y esfuerzo considerables a tratar de disimular esos aspectos de su físico por los que siente rechazo o inconformismo, etc. Estas preocupaciones y conductas son molestas, les consumen mucho tiempo y son difíciles de resistir o controlar. 

Tanto la insatisfacción corporal como el trastorno dismórfico corporal están estrechamente relacionados con trastornos de la conducta alimentaria, especialmente con la anorexia nerviosa

La realidad es que nuestro físico cuenta con un amplio espectro de variabilidad, tomando en cuenta su forma, tamaño, proporción, color, etc. Sin embargo, a través de la propagación masiva y constante de imágenes con formas corporales específicas, se establecen los estándares de lo “bonito” en nuestra sociedad; estándares que varían de una época a otra, dejando en evidencia lo absurdo de la persecución del físico “ideal”. Al propagar de forma masiva y constante estas imágenes se produce lo que en psicología se conoce como “efecto de mera exposición” y es que cuánto más vemos una cosa, más nos gusta. El problema es que cuando esto concierne la apariencia física, los riesgos para la salud física y psicológica son considerables.

Lo más sensato es que enfoquemos nuestros esfuerzos en disponer de una mente sana en un cuerpo sano, independientemente de cuáles sean los estándares de belleza de nuestra sociedad. Es al empezar a atender a esos estándares cuando empezamos a perder ese equilibrio que sí es ideal: ¡”Mens sana in corpore sano”!.

Si te ha gustado este artículo, te recomiendo otro similar: “INSATISFACCIÓN CORPORAL, REDES SOCIALES, MASS-MEDIA Y EL CULTO AL CUERPO… ¿QUÉ SUCEDE?”, lo encontrarás en el Blog de psicología Résilience junto a otros artículos. 

¡Feliz fin de semana!

Ana Isabel García-Izquierdo Peribáñez

Psicóloga y psicoterapeuta

Graduada en psicología, especializada en psicología clínica y psicopatología integrativa por la Universidad Paris Descartes (formación académica, profesional y de investigación), psicoterapeuta con un enfoque integrativo certificada por la ARS de Île de France y Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia.

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